15 años en el abandono la construcción de templo de San Juan Diego

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Desde que Juan Pablo II bendijo el lugar en su última visita, el santuario aún se halla en obra negra


Han pasado 15 años desde que el papa Juan Pablo II, en su último viaje a México, canonizó a Juan Diego el 31 de julio de 2002 y, un día después, bendijo el lugar que debió convertirse en el Santuario Nacional de san Juan Diego.

 

Juan Pablo II, en su homilía de canonización celebrada en la Basílica de Guadalupe, señaló que “con gran gozo he peregrinado para proclamar la santidad de Juan Diego Cuauhtlatoatzin (...) En particular es necesario apoyar hoy a los indígenas en sus legítimas aspiraciones, respetando y defendiendo los auténticos valores de cada grupo étnico. ¡México necesita a sus indígenas y los indígenas necesitan a México!”.

 

Sin embargo, el proyecto del santuario, presentado antes de aquella ya lejana visita papal, se encuentra todavía en etapa de cimentación y restructuración de la fachada y desde el verano de 2002 a la fecha las obras que se realizan en él son prácticamente nulas.

 

Precisamente, para albergar al recinto religioso se escogió el antiguo Cine Lindavista, construido en 1942. Fue durante el gobierno de Vicente Fox cuando la Basílica de Guadalupe celebró un contrato de comodato con el gobierno federal, en ese entonces propietario del edificio, con el objetivo de utilizar, como lugar de culto, el inmueble ubicado en Montevideo 96.

 

En diciembre de 2003, año y medio después de que Juan Pablo II diera su bendición al santuario desde el Papamóvil, el arzobispo primado de México colocó la primera piedra para, así, poner en marcha la construcción del nuevo templo, primero que privilegiaría a los indígenas.

 

En un recorrido realizado por Excélsior se pudo constatar que la nave principal no tiene techo, apenas se está acondicionando el suelo y su fachada, así como sus muros originales, tuvieron que ser reforzados para evitar un derrumbe.

 

Apenas en el último lustro únicamente se ha avanzado en los trabajos del espacio que tendrá el templo dedicado a los asuntos administrativos de la Iglesia. Además se acondicionó en un salón, al interior del que fuera el Club Leones México, una capilla para celebrar misas y recaudar fondos para poder invertirlos en la construcción.

 

La capilla tiene espacio para alrededor de 150 personas, con sillas plegables, y sobre el altar las imágenes del santo indígena y de la Virgen de Guadalupe. Cuenta con una sacristía y un área de criptas, en cuyo centro se encuentra un cuadro que plasma el momento de una de las apariciones de la Guadalupana a Juan Diego.

 

Se celebran misas de martes a sábado a las ocho de la mañana y los domingo en cuatro horarios, y además de buscar cumplir su objetivo de apoyo a la comunidad indígena en la Ciudad de México, también brinda atención a personas en situación de calle y farmacodependientes.

 

Precisamente en los alrededores del Santuario Nacional de San Juan Diego se puede observar la presencia, durante todo el día, de personas en situación de calle, algunos pernoctan en la barda que rodea al templo y otros duermen o comen en las jardineras aledañas.

 

Según el proyecto original, hasta el momento se concretó la cimentación del terreno, a través de un colado en sitio de 105 pilotes de concreto y el armado de 37.17 toneladas de acero en la losa de cimentación.

 

Y es que fue el 27 de junio de 2014 cuando la Arquidiócesis Primada de México brindó todos estos detalles para solicitar a la Secretaría de Gobernación el registro del Santuario para constituirse como asociación religiosa.

 

Desde mayo de 2012 fue monseñor Diego Monroy Ponce quien, tras desempeñarse como rector de la Basílica de Guadalupe, se encargó formalmente del recinto religioso e hizo constantes llamados a los fieles católicos para que contribuyeran en la consolidación del templo. Incluso buscó que desde la Secretaría de Turismo se promoviera la denominada Ruta de San Juan Diego.

 

De acuerdo con fuentes internas de la Basílica de Guadalupe, será esta semana cuando una nueva administración, encabezada por el sacerdote Jacobo Abarca, religioso de 35 años de edad y especializado en pastoral indígena, llegue al Santuario Nacional de San Juan Diego.

 

Primer santo indígena

 

Alrededor de la figura de Juan Diego ha persistido el debate entre historiadores y clérigos acerca de su existencia.

 

Al menos desde finales del siglo XIX la polémica ha rodeado la imagen de Juan Diego Cuauhtlatoatzin, primer santo indígena, ante el debate sobre su existencia o su figura como un mito para concretar la evangelización en la naciente Nueva España.

 

A pesar del creciente debate entre historiadores y clérigos, Juan Diego fue canonizado el 31 de julio de 2002, ante la insistencia del entonces pontífice Juan Pablo II, quien lo había beatificado una década antes.

 

Para ello, la Arquidiócesis Primada de México tuvo que comprobar ante la Santa Sede la existencia del vidente del Tepeyac, mediante investigaciones que tuvieron como resultado que el Papa, a pesar de diversas oposiciones dentro de la propia jerarquía católica mexicana, firmara el decreto que elevaba a la santidad a Juan Diego.

 

El santo indígena es conocido por el denominado “Acontecimiento Guadalupano”, el cual consiste en las apariciones de la Virgen de Guadalupe, que tuvieron lugar en diciembre de 1531, en el Cerro del Tepeyac, y en donde Juan Diego fue uno de los protagonistas centrales.

 

Durante las apariciones la Guadalupana le encargó a Juan Diego hablar con fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, para que fuera edificado en el Tepeyac un templo dedicado a ella.

Con información de Excélsior.

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