En el país, 5 mil 888 niños bajo proceso o con sentencia

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Los cárteles prefieren a los menores porque son fáciles de enganchar y en caso de ser detenidos enfrentarán una pena mínima.

La primera vez que el jefe ordenó matar a alguien, Hugo se ofreció como voluntario. Tomó a cuesta sus 17 años, jaló el gatillo y la pólvora hizo el resto. Ese día comenzó su vida como sicario de un cártel en Tamaulipas.

 

Al crimen le gustan así: chavitos, fáciles de deslumbrar, de manipular, ágiles y fuertes para enviarlos a plomearse con otros delincuentes o con el Ejército.

 

Hugo, como lo llamaremos para protegerlo, se unió al cártel porque estaba deslumbrado con el lujo, los carros, la fiesta, las mujeres y la vida que su familia no podía darle.

 

Él decidió, era su sueño y formó parte de los miles de menores de edad reclutados por el narco. “Siempre desde chavalo quise ser alguien así, un sicario como quien dice, siempre pensaba y veía películas y decía ‘yo de grande voy a ser un sicario’”, dice mientras le miro esos ojos que parecieran incapaces de asesinar.

 

Hugo se metió en esos malos pasos por su propio pie, pero fue testigo del reclutamiento forzado del que son víctimas otros menores de edad en el país.

 

“Iban y los levantaban: ‘¿sabes qué? Vas a jalar con nosotros o te matamos’. Y pues ya tenían que trabajar, no les quedaba de otra”.

 

El crimen organizado los recluta, los manda a las caravanas a deshacer retenes, al frente en los enfrentamientos o a cometer algunos delitos por los que a los jefes les darían penas mucho mayores.

 

“Ellos reclutan a más menores de edad porque son los que salen más rápido (de los centros de reclusión para adolescentes) y los vuelven otra vez a meter a trabajar”, cuenta Hugo.

 

Los cárteles pagan los abogados de los menores de edad y le dan dinero a las familias para obligar a los jóvenes a seguir en las filas del narcotráfico. A Hugo lo detuvieron por posesión de unas maletas con mariguana y lo ingresaron a un Centro de Reinserción Social para Adolescentes Infractores en Chihuahua.

 

A Hugo el cártel le ofreció abogados, pero su madre había guardado todo el dinero que él le entregaba. “Ella sabía que tarde o temprano me iban a detener y lo necesitaría para liberarme, por eso no gastó nada de los 200 mil pesos que le dí”, cuenta el joven a quien el juez sentenció por posesión de mariguana.

 

“Yo hice amigos adentro y muchos me decían ya saliendo: ‘pues yo a lo mismo porque estoy influictado con esa organización y ya no puedo salir porque me están ayudando aquí adentro, ellos me patrocinaron abogados y todo, ellos están ayudando a mi familia y saliendo tengo que hacer otra vez a lo mismo’”.

 

A los que se niegan a seguir los amenazan. “Tenemos catalogada a tu familia, tú sabes te metes o va tu familia”, recuerda Hugo que les decían a algunos para forzarlos a seguir en la vida delictiva.

 

Con información de Milenio.

 

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